Que ironía hablar del destino, nunca creí que existiera, siempre rehusando y negando su presencia; pero ahora es evidente ya fue presagiado el mío.
Un destino propagado en lágrimas. Hoy mis ojos preparan una larga tormenta, mientras mi cuerpo es consumido lentamente.
¿por quién?
ya hace no se cuanto que deseo ver a nadie.
Quizás son los síntomas emocionales los que han empezado a hacer estragos, puedo afirmar que son mas agudos que cualquier dolor físico y serán los que agilizaran mi partida.
Mañana seré más inservible y menuda que hoy, así pasare lo que me resta de días.
Que no se acerquen aquellos que siempre desearon ver mi caída, no soportare ver su mirada falsa, si se atreven a venir no dudaré ni un momento en escupirles su cara para así arruinarles esa patética sonrisa.
Ahora sé que es esperar, lo que para algunos es inesperado y para muchos es sencillamente encontrarse con la sorpresa de ponerse en frente de alguna bala desequilibrada que busca refugio en un cuerpo para culminar la existencia.
Indudablemente mi destino se difundió en lágrimas pero esta tormenta tristemente pronto terminará.

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